Sinceramente, comprendo que te sientas agotada, que tu deseo se haya ido apagando.
Y que, aunque desde fuera todo se vea bien, por dentro te estés preguntando en silencio: ¿Esto realmente merece la pena?
Yo también construí un negocio desde mi verdad, con pasión real y un deseo profundo de servir.
Pero en algún momento del camino, empecé a perderme. No porque no estuviera funcionando, sino porque, sin darme cuenta, fui entregando mi poder a lo externo.
Al número mensual sin el cual no me sentía autoridad.
A la estrategia que mis mentores me decían que funcionaba.
A lo que se esperaba de mí desde fuera.
A la forma de escalar que te llevaba más rápido a facturar más dinero.
A lo que mi mente creía que tenía que hacer para recibir más.
Y también sé que creías que si hacías “lo correcto” todo se ordenaría.
Que si aplicabas la estrategia exacta, si seguías los pasos, si llegabas a esa cifra, entonces vendría la calma y la tranquilidad.
Pero ya has visto que no es así.